La cita de Emily Dickinson «Di toda la verdad, pero dila sesgada» sugiere que la verdad no tiene por qué ser menos auténtica por expresarse con sensibilidad, de forma figurada o gradual. Para la autora, una verdad directa puede deslumbrar como una luz demasiado intensa, mientras que una expresión más sutil deja espacio para la comprensión. Incluso hoy, esta cita recuerda que la sinceridad y la consideración no tienen por qué excluirse. Es posible decir la verdad abiertamente y, al mismo tiempo, respetar a quien la recibe.