La cita «La religión es el opio del pueblo» de Karl Marx suele interpretarse como una crítica al papel de la religión en la sociedad: puede aliviar el dolor y la incertidumbre, pero también desviar la atención de las causas reales del sufrimiento. Hoy puede servir como punto de partida para debatir sobre la fe, las ideologías, el poder y la justicia social.